Él y sus hermanas habían sido dejados donde unos tíos. Su mamá estaba enferma en el hospital y su papá no podía cuidarlos. Era víspera de Navidad. Después de cenar los tíos entregaron regalos a sus primos. Él miraba, y silenciosamente salió al patio. Se sentía ajeno. Su tío le llevó un juguete de madera, un regalo improvisado. Lo recibió sin apreciarlo. Después de unos segundos su tío le dijo que no importaba si no lo quería, y que lo importante en Navidad, aunque estuviera triste, era recordar el nacimiento de Jesús, el Salvador. Él lo escuchó atentamente y sonrió.
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”
(Lucas 2: 10 – 11).